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Cómo crecer profesionalmente: curiosidad, relaciones y poca vergüenza, por Rodrigo Maroto

Cómo crecer profesionalmente en producto: 6 aprendizajes sobre curiosidad, proyectos personales, relaciones, hablar en público y qué es el éxito para ti.

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Rodrigo Maroto

El otro día, hablando con Javier Platón, estuvimos repasando los vaivenes de mi carrera: de trabajar muy cerca del producto, como product owner, a asumir responsabilidades en marketing y martech. La conversación me hizo pensar en lo que significa estar preparado para una oportunidad que no habías previsto. Y también en algo que me cuesta: dedicar tiempo a las relaciones personales cuando estoy cómodo en la parte técnica.

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Al repasar ese recorrido, me interesa lo que he ido sumando en cada etapa. Entender un producto, saber cómo llega alguien a él o qué hace que se quede son preguntas que se relacionan. Cambiar de responsabilidad me ha permitido acercarme a partes del negocio que antes ocupaban menos espacio en mi trabajo.

Para mí, prepararse para lo que pueda venir tiene dos partes: seguir aprendiendo con curiosidad y mantener el contacto con personas con las que puedes pensar y compartir. La primera me resulta fácil de llevar al terreno técnico. La segunda es quizás la más complicada: trabajar las relaciones.

1. Mantén la curiosidad más allá de tu puesto

Como product owner, trabajé en la construcción y evolución de varios ecommerce, el CMS, en la experiencia de usuario y en la experimentación para mejorar la conversión. Más adelante, al asumir responsabilidades de marketing y martech, esa experiencia se conectó con preguntas sobre captación, comunicaciones y retención.

Con el tiempo, he encontrado conexiones entre esas responsabilidades. Entender cómo se comporta una persona en una web ayuda a pensar qué comunicación puede necesitar después. Saber cómo se mide una mejora en el producto sirve cuando tienes que valorar una acción de marketing.

Me parece útil preguntarte por qué otro equipo toma ciertas decisiones o cómo funciona una parte del negocio que apenas conoces. Un problema que hoy lleva otra persona puede ser una ocasión para entender algo que mañana necesites. Haz sitio a preguntas que vayan más allá de las tareas que tienes que resolver hoy.

2. Deja espacio a proyectos personales sin exigirles una utilidad profesional

También creo que hay que dejar espacio para explorar algo porque te apetece. Un proyecto personal puede acabar conectando con tu trabajo, pero esa conexión no siempre aparece. Tampoco todos los intereses necesitan transformarse en un proyecto profesional.

Por ejemplo, puedes probar a montar una pequeña web sobre un tema que te interesa o dedicar unas semanas a una idea propia. Tal vez la mantengas, tal vez la dejes. Haber disfrutado haciéndolo puede ser suficiente, aunque no lo uses después en tu trabajo.

Al pensar en los cambios de mi carrera, me interesa conservar esa libertad. Si a cada cosa que empiezo le exijo que mejore mi perfil profesional, estoy decidiendo de antemano qué preguntas merecen mi tiempo. Prefiero dejar un margen para explorar y aceptar que algunas cosas se quedarán en el terreno personal. Un proyecto personal puede merecer la pena aunque no tenga una utilidad profesional.

3. Reconoce qué puedes aportar a una oportunidad distinta

He trabajado en modelos de suscripción en servicios al consumidor, los cuales se han podido utilizar en distintas empresas, industrias y países. El contexto había cambiado, pero parte del conocimiento seguía siendo útil. La experiencia anterior me daba un punto de partida desde el que entender qué necesitaba el nuevo negocio y adaptar el modelo.

Me parece una buena forma de mirar una oportunidad: reconocer qué sabes hacer, qué te falta y si te interesa aprenderlo. Si la valoras solo por el título del puesto, puedes pasar por alto un problema en el que tienes algo que aportar. También puedes descubrir que lo que se te ofrece no encaja contigo. Hacer esa evaluación forma parte de estar preparado.

Puedes explorar una oportunidad desde lo que ya sabes y ser honesto con lo que todavía necesitas aprender.

4. Haz sitio para cuidar tus relaciones

Esta es la parte que normalmente las personas más técnicas necesitamos trabajar: cuando estoy metido en la parte técnica, puedo concentrarme tanto en lo que hay que resolver que las relaciones personales van quedando para después. Sé que importan y aun así a veces las descuido.

Siempre puede aparecer algo que parece más urgente: una entrega, una decisión o un problema que sigue abierto. Una conversación sin una tarea concreta de por medio es fácil de aplazar. Si no le dedicas atención, puedes acabar dejando que los pendientes del trabajo decidan con quién mantienes el contacto.

Quiero cuidar mejor ese tiempo: saber cómo está alguien, conocer qué le preocupa o simplemente hablar. Algunas conversaciones también acercan oportunidades. El vínculo merece atención por sí mismo, aunque nunca salga un proyecto de él. Las relaciones necesitan tiempo y atención también cuando no hay una urgencia profesional.

5. Oblígate a hablar en público

Hablar en público también exige asumir que no lo sabemos todo. A muchos nos resulta familiar ese «¿quién soy yo para hablar de esto?», la sensación que solemos asociar al síndrome del impostor. Me parece importante reconocer esa duda y atreverse a contar lo que uno hace.

Dejar que la vergüenza decida por ti no te ayuda a avanzar. Podemos explicar un problema en el que hemos trabajado, las decisiones que tomamos y lo que seguimos intentando entender. Decir «esto no lo sé» también forma parte de hablar con honestidad.

Un primer paso puede ser ofrecerte a compartir durante diez minutos algo que has aprendido, con tu equipo o en una comunidad de Producto. Es una ocasión concreta para preparar una idea, ponerle fecha y escuchar las preguntas que despierte. Me parece útil obligarse un poco a dar ese paso.

La charla con Javier me ha llevado a compartir esta reflexión por escrito. Una charla breve sería otra forma de contar lo que estoy aprendiendo y escuchar otras perspectivas.

Puedes compartir lo que haces mientras sigues aprendiendo y reconoces lo que todavía no sabes.

6. Decide qué es éxito para ti en cada etapa

En mis primeros años, para mí el éxito era aprender, que me pagaran por lo que sabía hacer y que me llevaran de viaje de negocios. Era algo que me entusiasmaba. Hacia los 30, lo que más me interesaba era claramente ganar dinero y construir mi patrimonio. Ahora, cerca de los 40, busco algo más de tiempo y tranquilidad para estar con mi familia, y a la vez intento crear mi propio negocio.

Cada persona puede entender el éxito de una manera distinta, y esa idea también cambia con los años. Me parece útil preguntarte de vez en cuando qué es lo que de verdad buscas ahora, en lugar de seguir midiéndote con lo que querías hace diez años o con lo que valoran los demás.

Otra cosa importante que he aprendido es a no frustrarme cuando algo no funciona. Lo que me ha servido es seguir intentándolo una y otra vez, de formas distintas. Lo que consideras éxito cambia con cada etapa, y que algo no salga a la primera no es motivo para dejar de intentarlo.

Lo que me llevo

Mi carrera ha ido cambiando, y parte de lo que sé hoy viene de haberme acercado a problemas distintos. Quiero seguir haciendo eso y cuidar mejor la parte que a veces descuido: dar tiempo a las personas y atreverme a compartir lo que voy aprendiendo, sin esperar a saberlo todo.

Para mí, estar preparado para las oportunidades que te da la vida pasa por mantener la curiosidad, atreverse a hablar y estar presente en las relaciones. También quiero conservar espacio para hacer cosas que me interesan, aunque se queden en el terreno personal.

¿Qué conversación o aprendizaje llevas tiempo posponiendo? Cuéntamelo en LinkedIn.

Resumen: cómo crecer profesionalmente

  1. Mantén la curiosidad más allá de tu puesto: pregunta cómo funcionan otras partes del negocio.
  2. Deja espacio a proyectos personales sin exigirles una utilidad profesional.
  3. Reconoce qué puedes aportar a una oportunidad distinta y qué te falta por aprender.
  4. Cuida tus relaciones también cuando no hay una urgencia profesional.
  5. Oblígate a hablar en público, aunque todavía no lo sepas todo.
  6. Decide qué es éxito para ti en cada etapa y sigue intentándolo cuando algo no sale.

Si te ha servido, sigue con Product Manager sin perfil técnico: 7 aprendizajes, de Ingrid Cesáreo, y cómo gestionar tu carrera en producto.


Sobre el autor: Rodrigo Maroto

  • Chief E-commerce Officer de Spring Hoteles. Empezó como product owner y, en más de 15 años, ha ido sumando responsabilidades en producto, marketing y e-commerce en empresas de servicios al consumidor (aerolíneas, hoteles y finanzas personales) de Europa, América y Sudeste Asiático.
  • En Iberia Express lanzó la nueva web y creó Club Express, el programa de fidelización y entretenimiento a bordo, que empezó como una idea y llegó a los 2 millones de socios.
  • En Avianca vio crecer el canal digital de 800 a más de 1.200 millones de dólares, sobre todo a base de experimentar y cuidar la experiencia de usuario. En Experian construyó un negocio de suscripción con más de 160.000 suscriptores.
  • Después trabajó por su cuenta como consultor con Consumer Services Hub, donde descubrió que vender es la parte más difícil de todo esto.
  • Le conocí en 2018, en la primera edición del curso de The Hero Camp. Si quieres leer más de él, aquí tienes sus 10 lecciones de Product Management.
  • Puedes seguirle en LinkedIn.
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