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Ir más lento cuando todos corren: construir producto sin prisa, por Alba Hornero

De pilotar un Boeing en Factorial a construir un velero propio. Alba Hornero, fundadora de CandyCV, explica por qué ir más lento puede ser la mejor forma de diferenciar tu producto.

A
Alba Hornero

Ruido. Prisa. Cambios a más velocidad de la que uno puede procesar. Herramientas en beta que prometen sustituir el trabajo de medio planeta pero que aún no ha usado nadie. Si todo el mundo acelera, quizá el hueco más interesante para construir producto esté en ir más lento.

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Tecnologías nuevas que en días se hacen viejas. Pero da igual: total, no la pudiste llegar a probar.

Gente que no ha hablado con un usuario en su vida levantando rondas por un producto vibecodeado que "compite" con el tuyo (aunque en realidad no lo haga, porque morirá pronto), pero que ya suma al ruido de fondo.

Un ruido que te empuja a correr, a entregar más rápido, a no poder iterar porque "ya lo puliremos, ahora hay que sacar [inserte aquí la nueva shiny feature con IA]". Porque estamos a final de año y hay que llegar como sea a un objetivo que alguien definió en una reunión de la que ya nadie se acuerda, pero queda el Excel.

Todo rápido. Todo hinchado. Todo dopado.

Yo he vivido en ese mundo. Y ojo, me encantó. Pero un día se me ocurrió que, si todo el mundo acelera, el hueco más interesante del mercado quizá esté en frenar.

De pilotar un Boeing a construir mi propio velero

Hace menos de un año me bajé del avión (uno de los buenos).

Mi etapa en Factorial fue como pilotar un Boeing a 900 km/h: mil rutas, muchos pasajeros, megacrew, decisiones en segundos y equipos gigantes coordinándose para construir el avión mientras está en el aire. Una empresa donde el producto es el corazón y el negocio el cerebro. Donde el ritmo es intenso, los objetivos dan vértigo y las prioridades cambian más rápido de lo que se pueden comunicar a miles de personas. Mi abuela es de un pueblo de Albacete. Pues en Factorial hay más gente que en su pueblo.

Allí aprendí más de negocio, operaciones y personas de lo que imaginé posible. Cuando entré no sabía a lo que me enfrentaba, solo sabía que quería estar ahí.

Pasé por product ops, luego product manager y luego directora de producto del dominio de talento (ATS, performance, formaciones…).

Lo que no se enseña en ninguna escuela de producto

Aprendí algo que no se enseña en ninguna "escuela de producto": no existen productos exitosos si no trabajas con los equipos de distribución y te ganas su confianza, si no entiendes de dónde viene tu negocio y si no sabes con quién hablar dentro de la organización. Hacer producto es mucho más que un roadmap, métricas, Figma y Google Meets.

Gestionar toda la cadena de valor del producto se complica muchísimo conforme metes personas, equipos y países en la ecuación. A medida que una empresa crece, se van dividiendo equipos y funciones: producto e ingeniería por un lado, marketing por otro, ventas, partnerships, finanzas, customer experience… Si te quedas en tu zona "de producto" y te limitas a reunirte con el resto de equipos de vez en cuando, te pierdes el 80% del contexto.

Por eso me metí a fondo, con los product managers de mi dominio, en distribución: campañas, posicionamiento, pricing, upsell, feedback directo de ventas y customer success… Había un equipo de product marketing fantástico, pero eran tres personas para 16 equipos de producto. Si no entrábamos a empujar, parte del impacto de nuestros productos se quedaría en Notion.

Esa mezcla de producto, negocio y personas para gestionar la cadena de valor completa contribuyó enormemente a que los productos de talento despegaran y superaran objetivos.

Y tras demostrarme a mí misma que sabía jugar al juego de "más rápido, más alto, más lejos", me di cuenta de que llevaba demasiado tiempo construyendo aviones sin mirar el paisaje. Así que me bajé del mejor avión que he pilotado nunca para construir mi propio velero.

Uno pequeñito. Hecho a mano, con calma. Más lento. Más frágil. Pero mío. Donde yo marque el ritmo y pueda disfrutar de todos los detalles.

De vuelta a la carpintería: el taller frente a la fábrica

Mi abuelo era carpintero. Cuando yo era pequeña, les hizo a mis padres un mueble para el baño. No era para nada perfecto: yo conocía cada veta porque me quedaba empanada mirándolo mientras el calefactor calentaba el baño para ducharme (también en verano; mi madre aún me recuerda las facturas de Iberdrola).

Pues todo el que entraba en ese baño salía alabando el mueble. Un poco cringey, pero si hay algo que la gente recuerda de esa casa es el mueble de baño de mi abuelo.

En su taller nada era inmediato ni replicable. Si iba con prisa, se cortaba los dedos (acabó con ocho dedos y medio). Su oficio requería una mezcla de técnica, paciencia y cariño. Y esto último era muy importante, porque se lo transmitía a sus clientes.

Entonces se extendió IKEA en España: rápido, barato, igual para todos, lo montas en una tarde. Perfecto para pisos de alquiler porque "hace su función" y ya. Los inquilinos piensan: "me saca del apuro ahora, ya veré si me lo llevo al siguiente piso". Los propietarios piensan: "no voy a gastarme una pasta en muebles pa' que me los destrocen. Todo del IKEA y arreando".

Nunca vi a mi abuelo nervioso por competir con IKEA. Sabía que jugaba en otra liga. No por elitismo, sino por filosofía. Le gustaban las cosas que tardan, que son imperfectas, que no encajan con todo el mundo porque tienen una intención muy concreta.

Creo que CandyCV nace justo de ahí: del taller, no de la fábrica.

Qué significa construir producto como un artesano

En la práctica, construyo producto con mi pareja, con nuestros ahorros y nuestras manos en toda la cadena de valor. Hago cosas más despacio, algunas peor que alguien que ya lo ha hecho cien veces, pero también aprieto cada tornillo y sé exactamente por qué existe cada cosa. Y estoy en paz con que no sea para todo el mundo.

Además, elegimos un océano rojo interesantísimo: la empleabilidad. Ahí conviven herramientas de hace muchos años con dark patterns terribles para los usuarios, productos montados en un fin de semana y vendehumos que meten miedo a la gente con los ATS para vender consultorías milagrosas. Decidimos montar ahí nuestra carpintería para la gente que se haya cansado de los muebles de alquiler.

No persigo cuotas ni KPIs porque confío en el largo plazo y en el valor de lo que construimos. Aquí todo es producto: el primer impacto de marca con un vídeo en TikTok es igual de importante que la experiencia de hacerse el currículum en CandyCV. Cómo respondo a un usuario por email o en YouTube cuando tiene una queja también es producto. Y el carrusel de LinkedIn que alguien se guarda porque le da una idea para buscar trabajo, y los hilos en r/curriculums donde ayudo a desconocidos.

  • El contenido es producto.
  • El software es producto.
  • La marca es producto.
  • La distribución es producto.

Hay un orgullo extraño en sentir cada arista del proceso con las manos y en no tratar a la gente de idiota.

Ve más lento para diferenciarte

Cuando hablamos de producto solemos hablar de frameworks, experimentos, trade-offs, roadmaps, IA… Todo eso me interesa y lo uso. Pero, a menos que quieras montar algo cuyo único modelo de negocio sea el "winner takes all", atrévete a ir lento.

Hoy la conversación la dominan los productos con inversión (y no seré yo quien les quite mérito) y los dopados con IA que, al rascar un poco, son más un juguete que un producto. Ir lento ahora mismo se siente como un fracaso, como quedarte atrás. A veces es difícil gestionar el FOMO, no te voy a engañar.

Pero luego recuerdo que esto es una carrera de fondo. Ambos juegos son interesantes; tú decides a cuál quieres jugar. Yo, después de pilotar el Boeing, necesitaba construir mi velero.

La velocidad no siempre es sinónimo de progreso. A veces es solo… ruido.

Resumen: cómo construir producto sin prisa

  1. El ruido empuja a correr, pero el hueco más interesante del mercado puede estar en frenar.
  2. Producto es toda la cadena de valor: sin trabajar con distribución y negocio, te pierdes el 80% del contexto.
  3. Taller frente a fábrica: construir despacio te permite saber por qué existe cada cosa.
  4. Todo es producto: el contenido, el software, la marca y la distribución.
  5. Ir lento es una forma de diferenciarte, salvo que tu modelo sea "winner takes all".
  6. La velocidad no siempre es progreso. A veces es solo ruido.

Sobre la autora: Alba Hornero

  • Fundadora de CandyCV, donde ayuda a las personas a entender cómo funciona la tecnología de reclutamiento, definir su propuesta de valor, comunicarla en su currículum y encontrar un trabajo que les encaje. Un enfoque de producto aplicado a la búsqueda de empleo.
  • Diez años construyendo producto B2C y B2B en FinTech, PropTech y HR Tech. En Factorial pasó de product ops a directora de producto del dominio de talento, liderando un portfolio usado por miles de equipos de selección en distintos países.
  • Ha llevado productos de cero a varios millones, ha hecho crecer líneas que no terminaban de arrancar y ha liderado equipos de producto. Entiende el producto como un sistema completo, hasta que llega al mercado y conecta con quien lo necesita.
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