Coherencia en el liderazgo de producto: el día que Silas Vance fue consciente, por Antonio Gil
Coherencia en el liderazgo de producto: un relato sobre el miedo, la presión de los resultados y el valor de parar antes de lanzar algo en lo que no crees.
Silas Vance siempre creyó que su trabajo consistía en tener todas las respuestas.
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Durante años se dedicó a forjar una armadura de certezas compuesta por hombros rectos, voz grave y una mirada inalterable; sin embargo, aquel martes, sentado al final de la mesa de caoba, la armadura le pesaba diez toneladas. Frente a él, proyectada en la pared, brillaba Onyx, el proyecto más importante de su vida. Su equipo presentaba la versión final y, aunque todo funcionaba y cada píxel estaba en su sitio, Silas sintió un nudo en el estómago al observar la pantalla.
Lo que el producto le devolvía era una sensación física, una mezcla repulsiva de ansiedad y falsedad.
El producto era un espejo
Onyx era amable en la superficie pero manipulador en el fondo; prometía ayuda mientras exigía la atención desesperada del usuario. Al apartar la vista de la proyección y mirar a su equipo, Silas no vio ingenieros fallando en una entrega, sino personas agotadas de intentar descifrar a un jefe que no sabía quién era. En ese silencio tenso, la verdad le golpeó: aquel malestar no nacía de un error estratégico, sino de una radiografía evidente de sus propios miedos inconfesables.
El producto era un espejo y Silas tuvo que obligarse a no apartar la mirada.
Cuando el miedo decide por ti
Recordó con amargura cómo empezó todo, aquella época en la que vendió al equipo una visión noble y pura, cuando todavía creía que quería construir algo que importara. Pero luego llegaron las reuniones con la directiva, las cenas con inversores donde se sentía un impostor dentro de un traje caro y el terror frío a no ser considerado un “tiburón”.
Fue el miedo a parecer blando lo que le hizo traicionar su propósito; no fue una decisión técnica, sino una crisis de identidad. Empezó a exigir funcionalidades que no servían al usuario, sino que maquillaban las cifras para presumir en las reuniones de los lunes. Onyx mostraba ahora esa cicatriz: una herramienta que dudaba entre ayudar a la gente o exprimirla, del mismo modo que su creador dudaba entre ser un líder servicial o un ejecutivo agresivo.
El monumento a su silencio
Inmerso en esa espiral, sus ojos se detuvieron en una funcionalidad tramposa diseñada para engañar al cliente. Recordó el día que la aprobaron y, sobre todo, recordó la mirada de Elena, su diseñadora de confianza. No fue una discusión sobre patrones de diseño, fue algo peor: una mirada de decepción humana. Ella esperaba que Silas fuera la persona íntegra que decía ser, pero él falló. Prefirió la seguridad de la obediencia a la incomodidad de la integridad, y aquel botón en la pantalla se erigía ahora como el monumento a su silencio.
Durante meses, su gestión no había sido más que un reflejo de su ansiedad, oscilando entre los lunes eufóricos donde exigía riesgos y los viernes aterrados donde imploraba blindaje. El equipo, incapaz de predecir su estado de ánimo, había optado por construir a la defensiva, levantando una muralla de complejidad técnica para protegerse de las neurosis de su jefe.
“No vamos a lanzar”
Silas sintió el impulso habitual de señalar un fallo, de pedir un cambio de color, de ejercer su autoridad para recuperar la sensación de control. Abrió la boca, pero las palabras se le atascaron. Por primera vez en años, la armadura se agrietó. No podía aprobar ese producto porque sería confirmar su hipocresía, pero tampoco podía culpar a nadie.
Miró a Elena, que mantenía la vista baja con la resignación de quien ya no espera nada bueno, y esa imagen le dolió más que cualquier caída en la facturación.
Silas apagó el proyector y la sala quedó en penumbra.
—No vamos a lanzar —dijo con una voz que no sonó firme ni grave, sino infinitamente cansada—. No está listo.
Ante el silencio desconcertante de la sala, pidió que le dejaran solo. Silas se quedó sentado en la oscuridad mientras el equipo salía, enfrentándose al trabajo más difícil de su carrera: dejar de gestionar el producto para empezar a gestionarse a sí mismo.
Para ti, que lees esto
Es fácil juzgar a Silas, pero también es fácil parecerse a él.
Todos vivimos bajo presión; la sala de juntas existe, los objetivos trimestrales aprietan y la necesidad humana de validación es constante. No se trata de convertirse en un rebelde que ignora el negocio, sino de evitar que el ruido corporativo te desconecte de la realidad de lo que construyes.
Este relato es una invitación a tener el coraje de parar un segundo, quitarse la armadura de “ejecutivo infalible” y preguntarse si lo que estáis haciendo tiene sentido real.
Mantén los pies en la tierra, incluso cuando la marea te empuje hacia otro lado.
Para liderar un producto que sea de verdad, no puedes permitirte vivir en una mentira.
Resumen: qué nos enseña la historia de Silas sobre la coherencia
- El producto es un espejo de quien lo lidera: sus miedos y sus dudas acaban en lo que construye el equipo.
- El miedo a parecer blando puede traicionar tu propósito: funcionalidades que maquillan cifras en vez de servir al usuario.
- Un líder imprevisible hace que el equipo construya a la defensiva.
- La integridad es incómoda, pero la obediencia sale más cara: al equipo y al producto.
- Para cuando algo no tenga sentido, aunque eso signifique no lanzar.
Si te interesa el liderazgo de producto, sigue con Liderazgo de producto en la era de la IA, también de Antonio, y cómo liderar un equipo en la incertidumbre, de David Roncero.
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Sobre el autor: Antonio Gil
- Casi 20 años de trayectoria en entornos tecnológicos de alto impacto, especializado en acompañar a líderes en la definición y ejecución de estrategias de transformación.
- Como Director de Servicios en The Hero Camp, participó en más de 100 proyectos para 40 clientes globales, impulsando la evolución hacia modelos avanzados de Product Management.
- Hoy colidera Sofyra, donde promueve un liderazgo consciente que combina pensamiento crítico y reflexión en un contexto donde la IA gana protagonismo. Su mantra: "El cambio no debe ser solo rápido, debe ser bien pensado y con las personas como protagonistas".
- Le pedí que escribiera sobre la coherencia y me propuso este relato. Es una historia inventada, pero me recuerda mucho a mis inicios construyendo producto, allá por 2015.
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